#03

El osito que rompió el tabú

En la Estrella de las Muñecas había dos prohibiciones.
Regresar a la Tierra. Y entrometerse en la vida de los humanos.

El capitán de la Estrella de las Muñecas había cumplido esas reglas con rigor.
Sabía lo que ocurría cuando los humanos se daban cuenta de la existencia de seres imaginarios.
Egoísmo, codicia, confusión. Cuando los humanos descubrían algo hermoso, a veces terminaban por romperlo.
Las reglas existían para impedirlo.

Detrás de esas reglas se escondía otra historia que nadie se atrevía a contar.
En el instante en que un niño crece y se aleja de su muñeca, las muñecas que se mudan a la Estrella de las Muñecas reciben la vida eterna.
Esa era la primera despedida. Triste, pero no era un final.

Pero si una muñeca rompía la prohibición, regresaba a la Tierra y volvía a enfrentarse a una despedida, eso era distinto.
La muñeca que sufría una segunda despedida no obtenía la vida eterna, sino una desaparición total.
Sin permanecer en la memoria de nadie. Sin dejar rastro en ningún rincón del mundo. Como si nunca hubiera existido.

Ese era el secreto triste oculto detrás de la regla.
¿Lo sabría Muffin?
No lo sabía. Solo pensaba que la regañarían por romper la regla.
Una reprimenda del capitán, una vuelta forzada a la Estrella de las Muñecas, nada más. Aquella noche en la que abordó el tren abrazando el libro de recetas, eso era todo lo que ocupaba la mente de Muffin.

Las páginas en blanco de Maple. La cocina dejada en soledad. Aquella voz murmurando que los sabores se sentían vacíos.
Esas cosas pesaban más que cualquier otra.
El revisor le hizo una última pregunta.

Si te vas ahora… puede que ya no vuelvas nunca más. ¿De verdad no te vas a arrepentir?

Aun así, Muffin no dudó. Simplemente bajó del tren.
Detrás de la ventana, la Estrella de las Muñecas se alejaba. La luz de las estrellas se hacía pequeña.
Y Muffin voló hacia Maple, que ya no la recordaba.

A partir de aquí comienza una historia que crearemos juntos.